Yo suelo ser un tipo con un muy buen sentido de orientación y a lo largo de mi vida me he demostrado el alto nivel de ubicación casi emulando un GPS tanto a pie como cuando conduzco mi auto.
En esta hermosa y organizada ciudad hasta ahora no había tenido ningún tipo de problemas ya que donde me había desplazado todas las calles y avenidas estaba correctamente señalizadas, todos los inmuebles están numerados, si es impar esta a la izquierda y pares a la derecha, si descendemos de numeración. Una verdadera maravilla. Pero a mas te alejas del centro de la ciudad comienzan los problemas y consigues... o mas bien no consigues los nombres de las calles volviéndose aterrador el panorama porque, a diferencia de mi ciudad natal Caracas, siempre tenés el Avila como referencia norte. Aquí en Baires no hay una puta montaña que sirva de referencia y si te pierdes en un día de primavera - verano a las 13 horas donde el sol esta directamente arriba de vos, ni el rey celestial podes usar para orientarte.
La verdad la pase mal , porque primero tenia que regresar en colectivo desde Villa Urquiza a Belgrano, el cual esta cerca pero lejos, no ubicaba la parada de colectivo, una vez encontrada, comenzó el drama de las monedas !. Alguien se apiade de mi como diría Juan Luis Guerra, para que me cambiaran un billete de dos pesos en monedas, paralelamente a este evento seguía caminando desesperado, con el agregado de haber tomado en el cliente 4 vasos de agua, los cuales y por proceso natural querían salir. En mi sufrido dolor me preguntaba porque carajo los choferes del colectivo no cobraban el pasaje como en mi querida Venezuela, que por primera vez en meses extrañe el desorden y anarquía que representa trasladarse en una camioneta por puesto (Colectivo Venezolano) En cada local donde preguntaba si podían cambiarme un billete por monedas y me decían que no tenia, solo deseaba mandarlos a meterse sus monedas por donde mejor le entraran, y para cerrar el circulo de eventos disneylandescos, no tenia pila en el teléfono celular, para decorar el complicado panorama que estaba viviendo.
Así que camine y camine y camine y seguí caminando sobre la vereda que en teoría me llevaría a destino, y de repente a lo lejos vi venir irónicamente una luz a mis ojos. Era el chico ciego que vende lotería que siempre pasa por la oficina y me di cuenta que estaba cerca muy cerca.
En esta hermosa y organizada ciudad hasta ahora no había tenido ningún tipo de problemas ya que donde me había desplazado todas las calles y avenidas estaba correctamente señalizadas, todos los inmuebles están numerados, si es impar esta a la izquierda y pares a la derecha, si descendemos de numeración. Una verdadera maravilla. Pero a mas te alejas del centro de la ciudad comienzan los problemas y consigues... o mas bien no consigues los nombres de las calles volviéndose aterrador el panorama porque, a diferencia de mi ciudad natal Caracas, siempre tenés el Avila como referencia norte. Aquí en Baires no hay una puta montaña que sirva de referencia y si te pierdes en un día de primavera - verano a las 13 horas donde el sol esta directamente arriba de vos, ni el rey celestial podes usar para orientarte.
La verdad la pase mal , porque primero tenia que regresar en colectivo desde Villa Urquiza a Belgrano, el cual esta cerca pero lejos, no ubicaba la parada de colectivo, una vez encontrada, comenzó el drama de las monedas !. Alguien se apiade de mi como diría Juan Luis Guerra, para que me cambiaran un billete de dos pesos en monedas, paralelamente a este evento seguía caminando desesperado, con el agregado de haber tomado en el cliente 4 vasos de agua, los cuales y por proceso natural querían salir. En mi sufrido dolor me preguntaba porque carajo los choferes del colectivo no cobraban el pasaje como en mi querida Venezuela, que por primera vez en meses extrañe el desorden y anarquía que representa trasladarse en una camioneta por puesto (Colectivo Venezolano) En cada local donde preguntaba si podían cambiarme un billete por monedas y me decían que no tenia, solo deseaba mandarlos a meterse sus monedas por donde mejor le entraran, y para cerrar el circulo de eventos disneylandescos, no tenia pila en el teléfono celular, para decorar el complicado panorama que estaba viviendo.
Así que camine y camine y camine y seguí caminando sobre la vereda que en teoría me llevaría a destino, y de repente a lo lejos vi venir irónicamente una luz a mis ojos. Era el chico ciego que vende lotería que siempre pasa por la oficina y me di cuenta que estaba cerca muy cerca.
Ya me compre un mapa, baje el google map en mi blackberry y me aseguro de tener suficiente batería para dos o tres días y así estar listo para mi próxima salida, pero eso será otra cosa para contar

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