Para todos aquellos que se quejan del Subterráneo o como lo llamamos en Venezuela El Metro, quiero relatarle mi experiencia en este importante medio de transporte que permite trasladarte en las importantes capitales del planeta, y en este caso en el Metro o Subte de la mágica ciudad de Buenos Aires, Argentina.
Primera Impresión: Luego de una larga caminata y con la necesidad de retornar a mi punto de partida decido tomar el Subte como la solución más rápida y económica de traslado en una congestionada ciudad. Llevándome la mejor impresión, tomo el tren de la más nueva línea, la línea H. Organizada, limpia, vagones nuevos, señal de telefonía celular y conexión a Internet Wi-Fi en todo el recorrido. Impresionado es la palabra, pero este no sería el final de mi recorrido, pues tenía que hacer transferencia y tomar la línea A. Esta es la primera línea en funcionamiento y su construcción se remonta a 1913, algo que en Caracas vinimos a conocer a mediados de los años 80.
Realizada la transferencia y ya en el andén podía notar el paso de los años y para deleitar mi vista hizo arribo el tren. Hecho de madera y aun sin detenerse observe como sus puertas se abrían y la gente comenzaba a lanzarse hacia el ande, recordándome los colectivos o como los llamamos en Venezuela, Carritos por Puesto que transitan por toda la Av. Francisco de Miranda y donde podemos ver como en la puerta de cada unidad literalmente guindan 6 o 7 personas, así como esas conocidas fotos que nos envían por correo del trasporte público en algunas regiones de áfrica.
Pasado el primer impacto subo al vagón, el cual estaba iluminado por una tenue luz amarilla y de bancos de madera, sentí por un momento que me encontraba encerrado en un armario o que el mismísimo Harry Potter haría su entrada en cualquier momento.
Si eres Caraqueño y haz usado el Metro, debes haber dicho muchas pero muchas veces la frase; Que calor hace y este vagón sin aire. Pues déjame informarles mis queridos compatriotas, que el metro en Buenos Aires no tiene aire acondicionado. Para mi asombro tiene ventanas como un automóvil, que se abren y permiten que el aire circule libre entre los pasajeros, algo que realmente se agradece cuando es invierno.
Para aquellos que recordamos los pedigüeños o limosnero, a los que tienen todos los días un familiar enfermo nuevo o los llamados Artistas Urbanos, quienes interpretan con sus guitarras acústicas, los éxitos pop del momento, les cuento que en el Subte de Baires no entra nadie a pedir, entran a vender. Los empresarios informales nos pueden proveer de cualquier cantidad de productos desde toallines de papel hasta pen-drives o C.D. vírgenes. Para los amantes de la música, también tienen sus artistas urbanos pero mucho más sofisticados ya que andan con sus amplificadores a cuesta, interpretando con guitarras y bajos eléctricos los mejores éxitos de rock argentino.
No todo es maravilloso. En las horas picos los empujones y los insultos están a la orden del día, volviendo el viaje en subte toda una aventura extrema como lo es tomar cualquier transferencia en el Metro de la ciudad de Caracas.
Una experiencia diferente que une las maravillosas ventajas tecnológicas como tener Wi-Fi bajo tierra con la antiquísima y pionera manera de transporte de principios del siglo XX , otra cosa para contar...
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